Capítulo de Hoy: ¡¿Verdad?! ¡Dime que no es cierto!
Mirábamos, no siempre observábamos nuestro alrededor, quizás era más fácil pretenderlo, quizás a esas alturas no importaba lo que pasara, sólo nos movíamos, tal vez no. La pena invadía hasta a los que parecían más fuertes, que raro era estar viviendo eso si hace unas horas la vida corría para todos igual. Era algo más fuerte que pena, melancolía o algo parecido, un sentimiento colectivo, era tan horroroso que no nos reconocíamos: destrozo, esa era la palabra que describía la situación, una vida a punto de romperse y miles de sentimientos amalgamados que intentaban sopesarse pero a esas alturas ya no importaba quién llorara más fuerte o quién gritara más alto. Quizás había sido un paso en falso, un paso que cortó una existencia, tan seguros nos sentíamos que nunca cuestionamos que nos aproximábamos a una pisada ciega, que susceptibles éramos, nosotros los que pensábamos que la vida pasaba ante nuestros ojos y no requeríamos seguirla.
Silencio, lágrimas, ¿cómo describir esa sensación que para todos era tan extraña? Cuántas veces en la vida se siente así de intenso, donde las palabras sobran, tal vez faltan o no se encuentran las adecuadas. Dolor para los que avanzan, también para los que se ven detenidos en un ahora que no existe.
Pasaba el tiempo y los que buscaban desesperados respuestas y explicaciones no las hallaban. Culpables éramos todos o quizás sólo deseábamos sentirnos partícipes de un fin devastador. A lo mejor no era nuestro derecho el sentir dolor, otros se lo habían ganado, debíamos tomar el papel de contener a los que no podían hacerlo, porque alguna parte de ellos también se había roto, un pedazo de existencia luchaba por no ahogarse en la nebulosa que arrebataba sin clemencia todo a su paso.
Ahí, frente a los que pretendían mostrarse estoicos: la realidad, tendida y esperando que la cogieran, desnuda y fría como lo que traía consigo, esperando revelarse y ser asimilada por quienes le temían o por quienes creían vislumbrarla pero que tampoco dimensionaban sus consecuencias.
En memoria de Gustavo…
Silencio, lágrimas, ¿cómo describir esa sensación que para todos era tan extraña? Cuántas veces en la vida se siente así de intenso, donde las palabras sobran, tal vez faltan o no se encuentran las adecuadas. Dolor para los que avanzan, también para los que se ven detenidos en un ahora que no existe.
Pasaba el tiempo y los que buscaban desesperados respuestas y explicaciones no las hallaban. Culpables éramos todos o quizás sólo deseábamos sentirnos partícipes de un fin devastador. A lo mejor no era nuestro derecho el sentir dolor, otros se lo habían ganado, debíamos tomar el papel de contener a los que no podían hacerlo, porque alguna parte de ellos también se había roto, un pedazo de existencia luchaba por no ahogarse en la nebulosa que arrebataba sin clemencia todo a su paso.
Ahí, frente a los que pretendían mostrarse estoicos: la realidad, tendida y esperando que la cogieran, desnuda y fría como lo que traía consigo, esperando revelarse y ser asimilada por quienes le temían o por quienes creían vislumbrarla pero que tampoco dimensionaban sus consecuencias.
En memoria de Gustavo…

