1.22.2007

Capítulo de Hoy: ¿Quién quiere un poco de...?


Otra estación; era algo distinto a lo que acostumbrábamos descubrir, habíamos llegado al encuentro de dos vivencias tan distintas, era, por decirlo menos, parádójico. Inmersas en un espacio donde todo se contradice, donde las raíces aborígenes se sincretizan con las universalidades del occidentalismo, lo que antes se oía ahora se lee...

La Paz: la compleja, ancestral, desigual y mítica ciudadela, en la que los años no pasan en bano, en la que procesos y luchas están al borde de la revolución, y en la que éstos siempre son coartados por el poder dominante. Ahí junto con saber nada y anhelar todo pusimos cada una ambos pies, deslumbradas y a la vez incrédulas de las recomendaciones que nos daban los taxistas que con instinto magistral recorrían las complejas calles que guardaban más que pisadas en busca de una aventurilla; esas que contenían pisadas de quienes buscan cambios, de los que construyen sueños e incluso no sólo pisadas, además cuerpos y sangre de quienes por siglos han sido subyugados por el capital.

Así continuamos la travesía, habían pasado unas horas y luego del sol que quema, la lluvia que limpia y dificulta el trabajo de miles que hacen de las calles su principal fuente de sustento. Mujeres que por años han sido reprimidas por el sistema avasallador impuesto por el hombre, hacen de esas avenidas su hogar, alzan la voz con el único objetivo de alimentar a quienes les esperan, sus niños, que temerosos esperan la corta cuenta regresiva que los obligará a vender su fuerza laboral.

El camino nos evidenciaba sin tapujos cada una de las problemáticas de la inmensa sociedad a la que nos íbamos enfrentando y que día a día nos hacía integrantes con especial acogida, al parecer nos sentíamos a gusto, todo era diferente y a la vez lo mismo. Nos habían educado mostrando una sola verdad absoluta y nos hicieron patente la imposibilidad de cuestionar, a estas alturas aquella educación tan totalitaria nos pasaba la cuenta. Aquí todo estaba propenso al cambio, incluso nosotros podíamos cambiar; lo que para muchxs es barbarie y símbolo de retraso, para otrxs (incluidas), representa la posibilidad real de construir, así también de destruir a aquel monstruo llamado capitalismo, que del otro lado, del que nosotras veníamos, parece indestructible.